Un llamado «tsunami de escándalos» ha sacudido la República Checa: un donante con conexiones con el hampa regaló al Ministerio de Justicia checo 41 millones de euros en Bitcoin. Como consecuencia, el ministro de Justicia, Pavel Blažek, se vio obligado a dimitir en junio.

Además de la grave pérdida de confianza que ha sufrido el Ministerio de Justicia a causa de este escándalo, también se le acusa de haber desempeñado un papel importante en una red que ejercía sistemáticamente una considerable influencia política a través de contratos públicos y flujos financieros.

El gobierno checo, favorable a la UE, también se enfrenta a críticas por su «campaña antiderechista» en toda Europa antes de las últimas elecciones europeas. Varios políticos europeos de derechas -como Petr Bystron y Maximilian Krah, de la AfD- fueron acusados de recibir fondos de Rusia. Sin embargo, las investigaciones de los periodistas checos Petr Stepanek y Angelika Bazalová revelan no sólo la falta de pruebas de estas acusaciones, sino también numerosos indicios de que la campaña fue orquestada por el gobierno checo y los principales medios de comunicación.
El Gobierno sobrevivió por poco a una moción de censura, pero ante la proximidad de las elecciones parlamentarias de octubre, los indicios apuntan a un cambio. El partido centrista ANO, liderado por el ex primer ministro Andrej Babiš, va claramente por delante en las encuestas.





