Durante mucho tiempo, el lobby de la energía eólica y los ideólogos verdes han restado importancia a los efectos de los parques eólicos sobre la salud. Ahora, un tribunal francés ha confirmado lo que muchas personas que viven cerca de esas instalaciones han denunciado repetidamente: los infrasonidos afectan a la salud humana.
Fuente: report24.news; Heinz Steiner, 04 de febrero de 2026
Una y otra vez, los residentes que viven cerca de los parques eólicos denuncian problemas de salud que atribuyen a las turbinas eólicas. Dolores de cabeza, insomnio y ansiedad generalizada -provocados por los infrasonidos generados por las palas del rotor- son algunos de los síntomas más comunes. Uno de estos casos fue juzgado ante un tribunal francés. En el departamento de Somme, en el norte de Francia, una ex profesora presentó una demanda contra un parque eólico de doce turbinas situado a más de 500 metros de su casa. Desde el inicio de la actividad en 2009, sufría fuertes dolores de cabeza, trastornos del sueño, estrés y ansiedad que nunca antes había experimentado. Una evaluación neurológica determinó que sus síntomas desaparecían regularmente cada vez que abandonaba la zona o cuando se apagaban las turbinas. Para los jueces de Estrasburgo, la conexión se consideró «directa y cierta».
El tribunal se centró en informes médicos y mediciones técnicas. La demandante presentó estudios sobre el sonido de baja frecuencia y el infrasonido, es decir, las frecuencias por debajo de 20 hercios que no pueden oírse pero son físicamente perceptibles. Sin embargo, estas frecuencias no desempeñan prácticamente ningún papel en los procedimientos de autorización, sencillamente porque no son audibles.
Los jueces señalaron explícitamente que los factores de estrés visual también influyeron. El constante parpadeo de las luces de los mástiles de las turbinas -blancas durante el día y rojas por la noche- creaba un estado de estrés persistente que a veces hacía insoportable la vida en el propio domicilio de la demandante.
El abogado de la demandante describió el veredicto como un momento histórico. Por primera vez, un tribunal ha reconocido explícitamente que las turbinas eólicas pueden perjudicar no sólo al paisaje, sino también a las personas. Legalmente, esto entra en la categoría de «perturbación anormal del vecindario». Esto significa que la demandante (y cualquier otra persona afectada de forma similar que se acoja a esta sentencia) puede ahora pedir una indemnización, exigir restricciones de funcionamiento o incluso solicitar el cierre de las turbinas.
Sin embargo, para los inversores y operadores de estos parques eólicos, esta sentencia representa un serio revés. Los bancos, las aseguradoras y los fondos de inversión reaccionan con sensibilidad ante la inseguridad jurídica. Cuando los parques eólicos ya no pueden considerarse infraestructuras prácticamente exentas de responsabilidad, sino fuentes potenciales de reclamaciones por daños, los costes de financiación aumentan, o los proyectos pueden cancelarse por completo. Por tanto, la sentencia aumenta considerablemente lo que se conoce como riesgo del proyecto.





