La bomba de El Salvador: un impuesto del 30% sobre los fondos de las ONG: el efecto dominó que hace cundir el pánico entre la clase dirigente internacional

La bomba de El Salvador: un impuesto del 30% sobre los fondos de las ONG: el efecto dominó que hace cundir el pánico entre la clase dirigente internacional- 2

Con la aprobación del impuesto del 30% sobre las donaciones de ONG extranjeras, El Salvador ha lanzado una auténtica bomba que está causando conmoción en todo el mundo. El establishment internacional -las tristemente célebres redes de la política, los medios de comunicación y las ONG mundiales- ve amenazados sus canales de influencia y se levanta en armas contra la ley. El temor: un efecto dominó que exporte el modelo de El Salvador a otros países y sacuda el control de los «globalistas» sobre la sociedad civil.

Ya está surgiendo una contraofensiva internacional: las declaraciones de la UE, Estados Unidos y la ONU se suceden, las organizaciones de derechos humanos dan la voz de alarma y se desata una tormenta mediática mundial. No se pueden pasar por alto los paralelismos con la «contención soviética» de la Guerra Fría, salvo que esta vez no son los tanques los que ruedan, sino las narrativas y las subvenciones las que se utilizan como armas. El objetivo: aislar a El Salvador y disuadir a otros países de hacer lo mismo que Bukele.

Pero, ¿por qué tanto pánico? La ley no es sólo un impuesto, sino un ataque frontal al sistema de décadas por el que los actores extranjeros influyen en la política y la sociedad de los países en desarrollo. El miedo a los imitadores es real: las fuerzas conservadoras de América Latina, África y Asia ya discuten si el modelo de soberanía de El Salvador podría ser también para ellas una salida del «imperialismo de las ONG». Los «globalistas» están viendo cómo se les escapa el pellejo.

Las reacciones son feroces: los donantes internacionales amenazan con recortes, las ONG hablan de «colapso de la sociedad civil» y los medios de comunicación occidentales advierten de una «ola autoritaria». Pero el gobierno de San Salvador mantiene la calma y contraataca: «Ya no nos dejaremos controlar por otros». Para muchos observadores, está claro que comienza una lucha de poder mundial por la soberanía de la interpretación y el control de los acontecimientos sociales.

Lo que sigue ahora es una carrera contrarreloj. Los «globalistas» harán todo lo posible por demonizar a El Salvador e impedir que otros países den pasos similares. Pero la señal ha sido enviada: la soberanía vuelve a estar a la orden del día y el redoble de tambores de San Salvador podría ser el pistoletazo de salida de una nueva era de autodeterminación nacional. El mundo contiene la respiración y la clase dirigente internacional tiembla ante el efecto dominó.

Queda por ver si esto hará que El Salvador sea realmente más independiente o empobrecerá a su sociedad. Una cosa es cierta: la ley ha desencadenado una avalancha que podría cambiar fundamentalmente la estructura de poder mundial entre los Estados nación y los actores transnacionales. Los próximos meses mostrarán si el redoble de tambores se convertirá en una conflagración.

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